Las instalaciones son estupendas y seguras, ya que necesitas entrar con tarjeta a zonas enteras, además de a tu propio alojamiento, lo que da una gran tranquilidad. Las camas son muy cómodas y se agradece tener un escritorio y una silla para poder trabajar o estudiar. Las opciones de cena (y creo que de comida también, aunque yo no las probé) son buenísimas, sanas y caseras, además de estar a muy buen precio. El desayuno es abundante y riquísimo. Las compañeras y los compañeros que trabajan en el restaurante son súper amables y profesionales. La ubicación es inmejorable, a escasos minutos de varias líneas de metro y paradas de autobús, y a un corto paseo de Gran Vía. Fantástico, volvería sin dudarlo.